ECONOMIA Y SOCIEDAD
21 de Octubre, 2005

(Nota de JP. Reproduzco completa la columna del economista José Manuel Silva de hoy en La Tercera, porque ella debe ser leída y meditada por chilenos y latinoamericanos. En aras de la transparencia, aclaro que José Manuel fue mi alumno en el Instituto de Economía de la UC. y su primer trabajo fue de subeditor de esta revista en los 80. Desde entonces cultivamos una amistad profunda y generosa. Sin embargo, también aclaro que, a horcajadas estas ultimas semanas entre Vilnius, base de operacions para ayudar a los paises Balticos, y Berlín, nada he contribuido, lamentablemente, a esta excelente columna).


BIENVENIDOS A AFRICA

por José Manuel Silva.

Bienvenidos a Africa. Así titularía el pobrísimo "debate" presidencial que presenciamos el Miércoles millones de chilenos (y quizás cuántos latinoamericanos vía CNN).
Según este debate, Chile pareciera un país que ha fracasado completamente en su ruta al desarrollo, donde una cleptocracia monopólica es la única beneficiada del escaso crecimiento económico y a consecuencia de ello, hordas violentas de pobres tienen sitiados a los ciudadanos honestos. Desigualdades africanas harían recomendable echar por la borda 30 años de reformas económicas y reorientar el modelo hacia la "integración" con países exitosos como Argentina, Venezuela o Bolivia.

Es desilusionante contemplar cómo dos economistas, uno con posgrado en Harvard y el otro en Chicago, y una doctora que fue ministra de Salud y Defensa del gobierno saliente, se hagan eco de las histerias mediáticas sobre el modelo económico y dejen pasar una gran cantidad de inexactitudes y mentiras lanzadas al voleo por el único candidato que no tiene nada que perder, el señor Hirsch.

Un amigo latinoamericano que presenció parte del debate ("zapeaba" entre éste y la Bolocco) me señalaba con incredulidad cómo quienes pretenden liderar el país considerado como el más exitoso de la región parecen pensar que todo debe ser cambiado. "Ustedes, los chilenos, son unos malagradecidos", me comentaba. "Tu país funciona, la economía crece, la corrupción existe, pero está muy controlada, tienen empresas exitosas que crean empleos, acuerdos de libre comercio que muchos envidian y los barrios donde más centros comerciales se hacen son los de clase media y media baja".

Chile tiene aún grandes desafíos por delante para convertirse en un país desarrollado. Sin duda que ya no lo seremos el año 2010, fruto de errores, omisiones y condiciones externas no siempre favorables. Sin duda que existe una masa extremadamente pobre que aún vive en condiciones que no son compatibles con la estabilidad social o política de mediano y largo plazo. Sin embargo, si existe una esperanza para ellos, es justamente porque el país ha hecho las cosas relativamente bien en su modelo de desarrollo. Puedo asegurar que la mayoría de los pobres de Latinoamérica (sobre todo los de aquellos países considerados exitosos por el señor Hirsch), no tienen ninguna posibilidad de salir de su estado en esta generación, incluso considerando políticas redistributivas agresivas que van en contra de la democracia y la libertad individual.

Es esto último lo que más desilusiona del actual estado del debate político en Chile. Porque efectivamente, dado nuestro éxito macro y microeconómico, el país está en condiciones de eliminar en una generación la extrema pobreza. Para ello se necesita audacia, inteligencia y coraje moral para profundizar el modelo económico en aquellas áreas donde se ha deteriorado su funcionamiento o nunca se le dejó funcionar. Pero nadie discute propuestas específicas y se realizan afirmaciones al voleo con poco o ningún fundamento, pero que mediáticamente suenan bien. Lamentablemente, estas frases gratuitas para los que las dicen pueden ser terriblemente costosas para el país si poco a poco la población se convence de que su vaso está medio vacío, en vez de ver que esta medio lleno y llenándose.

Hoy nuestro país se encuentra en los umbrales del desarrollo económico, así como lo estaban España, Portugal o Grecia hacia mediados de los años 70. El estar en el umbral no garantiza que se vaya a traspasar. Los tres países antes mencionados sufrieron serias turbulencias en los años 70, las que pudieron ser sorteadas en parte gracias a su entrada a la Comunidad Europea. Asimismo, tenemos el amargo ejemplo de Argentina, país que también estuvo en el umbral del desarrollo hacia los años '20 y '30 y que desde entonces ha tenido una permanente decadencia económica, teniendo hoy un nivel de vida similar e incluso inferior al de Chile.

Sería un histórico error ajustar el modelo de desarrollo que ha dado tantos frutos, castrando su capacidad para generar proyectos empresariales exitosos. Esto se produciría si se regulan excesivamente industrias y mercados, o si se aumenta innecesariamente la carga tributaria. Por el contrario, es clave seguir impulsando una mayor competitividad de los mercados, dado que es la competencia la que en definitiva traduce el crecimiento en bienestar generalizado. Es importante incorporar nuevas formas de competencia en diversos sectores claves: banca, seguros, AFP, telecomunicaciones, isapres, y seguir profundizando la apertura comercial de Chile. Para lo primero es urgente una nueva reforma al mercado de capitales que permita a actores internacionales ofrecer servicios financieros en Chile. Ello reduciría los costos de éstos. En telecomunicaciones es clave el desarrollo de la telefonía IP, desregulando totalmente dicho mercado.

Sin embargo, el gran desafío de Chile y que es clave para su acceso al primer mundo, tiene relación con una política integral de desarrollo de su capital humano. Hoy, aún un porcentaje excesivamente grande de chilenos vive en extrema pobreza. Para lograr integrarlos al sistema productivo es necesario realizar un salto cuantitativo en la calidad de la educación, lo que pasa por aumentar considerablemente el subsidio por alumno, pero, también, por inventar un nuevo esquema de gasto que subsidie la demanda. Esto es, entregar este mayor gasto a los padres directamente y que sean ellos, informados, los que decidan en qué establecimiento educar a sus hijos. Asimismo, es importante crear un mecanismo de financiamiento de la educación superior que garantice el acceso a ésta de todo alumno intelectualmente capacitado para ello. Finalmente, para garantizar trabajo para todos es necesario desregular el mercado del trabajo flexibilizándolo.

 

 

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